10 años caminando en ko’olectividad

En marzo de 2026 aperturamos la celebración de nuestro décimo aniversario como acto político del gozo, de habitar el cuidado y disfrute de los territorios vivos que somos. La consigna fue: “Celebrar como labor al territorio…celebrar nuestra semilla, cosecha y florecimiento. Celebrar las sonrisas, sueños, intentos y posibilidades de las niñas y niños. Celebrar las múltiples formas de tejido entre nosotras, con otras organizaciones, colectivos y personas de nuestro territorio y el mundo. Celebrar como único acto de reinvicación de la vida en un mundo que colapsa todas sus formas y estructuras…”; celebrar como estrategia de (re) evolución.
Hemos celebrado estos meses, no en una fecha especifica, más bien propiciando encuentros y compartires que honren lo común, que es estar vivas. Expandir la consciencia de la semilla que somos. Sí, nuestra labor es pequeña y vasta como la semilla de nuestras abuelas, apenas alimenta nuestro cuerpo-familia-colectividad, y allí, en esa pequeñez, reconocemos la magna presencia de alimentar la propia vida, así como de las niñas, niños, adolescentes y mujeres que habitan y dan vida a nuestra casa común y la Escuela Popular Juntas Florecemos la Vida.

Festejamos reconociendo lo fundamental de nuestra labor, que como la semilla garantiza el alimento del cuerpo, la mente y el espíritu propio y colectivo, en el presente y futuro, pues nuestras semillas milenarias se resguardan en la memoria, gestos y acción de los cuerpos. Sabemos que lo que sembramos hoy, serán el agua de los hábitos, la tierra de los sueños, el aire de los proyectos, el fuego de las voluntades de quienes participan de este bordado que iniciamos hace 10 años.
En esta celebración que venimos bailando hace seis meses, hemos tenido también muchos cambios, rupturas, cierres en relaciones y estructuras que han sido importante para nosotras. Así que nos hemos permitido dolernos, hacer silencio y revisarnos para dejar espacio después a la presencia y gozo de esto que somos. Honramos y agradecemos a todas las personas y colectividades que han sido parte de nuestra historia; por sumarse, por intercambiar semillas, por expandir la visión, por dar cuenta en la diversidad lo común, que es la vida.
Gracias a todas y todos quienes son y han sido parte de nuestro caminar, por su presencia, sueño, servicio, medicina, conocimiento, arte, sabiduría, trabajo, canto y música, intento, por su voluntad de bordarse en esta memoria que construimos en el monte de este poniente donde nos hemos sembrado.

Gracias a las mujeres, niñas, niños, adolescentes y jóvenes que viven en nuestra comunidad y región que han confiado en este proyecto, que han florecido el sueño que tuvimos hace 10, 16, 30, 50 años. El sueño de crear espacios seguros donde las mujeres, niñas, niños y jóvenes enraícen dignamente y florezcan íntegramente el territorio.
Gracias a nuestra familias, nuestros hijos, hijas, nietas, esposos, suegras, hermanas, sobrinas. A todas, por acuerpar nuestra rebeldía, porque gestar, parir, y mantener esta milpa ha implicado sus tiempos, y dedicárselo a lo común ha significado a veces nuestra ausencia o distancia. Agradecemos su paciencia, sus cuidados, su complicidad, su apoyo, su amor, pues ha sido el polen para que esta colmena que somos, viva y se reproduzca.
Gracias a Vilma, Alika, Ninett, Ericka, Soco, Jimena, Monse y Frida por ser horcón, por ser semilla, por ser tierra, por ser fuego, por ser polen, por ser agua, por ser abeja, por ser viento, por ser instrumento, cuerpo y presencia de esta Colectiva K-luumil X’ko’olelo’ob.
Hoy celebramos nuestro aniversario, en esta costumbre de ponerle fecha a los nacimientos, aunque es difícil saber cuando nacimos lo que somos ahora. Nosotras seguiremos festejando como consigna, como artilugio, como horizonte, como estrategia, como hábito nuevo, porque nos hemos dado cuenta que no hay mejor forma que hacer la vida en el disfrute, y nos ha llevado 10 años aprenderlo. Por eso lo seguiremos haciendo, como pedagogía de lo irreverente y propio, pues no hay nada mejor que habitar el territorio que gozando, pues ahí fracturamos los techos para sentirnos en la luz que nos corresponde.
Larga vida a nuestra ko’olectividad, seguiremos polinizando el gozo en el territorio.



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