Cuidar nos
- Comunicación Kluumil
- hace 5 días
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La Colectividad que habitamos tiene como centro y periferia los cuidados, como tejido que en red sostiene lo común. Madurar la noción del cuidado del me al nos ha sido una voluntad que hacemos en gerundio, y que ha implicado una revisión permanente de los cuerpos individuales al colectivo.
Cuidarnos ha significado revisar nuestras necesidades, dolores, expectativas, omisiones, historias, sentires, condiciones, brechas, aperturas, confianzas, respeto, certezas, límites, reciprocidad, y las formas en que habitamos lo común.

Revisar estas nociones nos ha llevado a los vínculos donde las tejemos. Llevándonos a la familia de sangre o elegida como cuerpos donde debieron fincarse, y decimos debieron porque si bien, existen muchos referentes de esas nociones, también han sido en estos sistemas donde hemos experimentado la antítesis de esos conceptos.
Es decir, habitar voluntariamente los cuidados ha implicado hacernos preguntas incómodas ¿de dónde viene esta desconfianza que siento de los demás o en mi? ¿Porque me cuesta tanto recibir si doy tanto? ¿Cómo construirnos familia sin los vicios o violencias de nuestras familias sanguíneas?
Cuidar nos ha sido una labor que implica cada vez más límites, más palabra, más pausa, más cuerpo, más sentir, más silencio y paciencia. Ha significado reconocer la herida común y la personal no como rezo de mártir o lucha interminable, sino más bien como compasión, como ruta de trabajo para ascender de la agencia personal a lo colectivo.
De ahí que dejamos la romántica mirada del colectivo como cuerpo donde puede diluirse la responsabilidad personal del cuidado, para ceder todo el lastre de lo propio a lo común, perdiendo el respeto y dignidad de lo que se va siendo. Cuidar nos significa nombrarnos y asumir el lugar que decidimos, con propia agencia.
Hoy entendemos el cuidado colectivo como el centro donde podemos mirarnos completas, en nuestro claroscuro, y de ahí, tomar los hilos más luminosos de cada una para bordar lo común que sabemos merecemos. Es como si bordáramos para nosotras los huipiles más elegantes para hacer el nixtamal, deshierbar el solar, o comer mangos en una tarde con las amigas o hijos, pues lo mejor de la vida es cotidiano, en presencia y mirando al horizonte.

Alika Santiago
9 de agosto de 2026




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